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Lo que calmamos hoy, lo pagamos mañana

Lo que ignoramos hoy, lo pagamos mañana.

Lo que calmamos hoy, lo pagamos mañana

Cada vez que un niño se entristece y lo callamos con comida.Cada vez que un adolescente se aburre y lo anestesiamos con una pantalla.Cada vez que aparece la rabia, la frustración o la soledad y respondemos con videojuegos, likes o consumo inmediato…

no estamos resolviendo un problema.

Estamos postergándolo.

Y no se posterga gratis.


Un niño que nunca aprende a sentir lo que siente,se convierte en un adulto que no sabe qué hacer con lo que le pasa.

Un adolescente que aprende que cualquier malestar se apaga con estímulo,se convierte en un adulto incapaz de tolerar la frustración,dependiente, impulsivo, siempre buscando afuera lo que no puede sostener adentro.


Después nos preguntamos:— ¿Por qué no controla sus emociones?— ¿Por qué siempre culpa a otros?— ¿Por qué vive quejándose?— ¿Por qué es una mala compañía, un peso emocional, un conflicto constante?


Pero la pregunta real es otra:

¿quién le enseñó a atravesar el malestar sin huir de él?

Porque regular no es reprimir.

Acompañar no es distraer.Amar no es anestesiar.

Cuando evitamos que un niño sienta tristeza, le robamos la posibilidad de aprender a elaborarla.

Cuando evitamos que un adolescente se aburra, le quitamos la oportunidad de crear.

Cuando apagamos la rabia sin enseñarle a comprenderla, sembramos adultos que explotan o se victimizan.


No todo malestar es un problema.

Muchos son maestros.

Pero solo enseñan si hay adultos dispuestos a estar presentes,a sostener, a poner límites, a incomodar un poco,a decir: “esto duele, pero no te va a destruir”.


La cultura actual confunde paz con silencio emocional.

Confunde bienestar con estímulo constante.

Y así estamos criando generaciones con baja tolerancia a la frustracióny alta dependencia a todo lo que distrae, consume o evade.


Esto no es un juicio.Es un llamado urgente a la conciencia.

Porque las adicciones no empiezan con sustancias.

Empiezan cuando el vacío se llena de cualquier cosa menos de sentido, vínculo y presencia.

Actuar antes del vacío no es exageración.Es responsabilidad.


Porque lo que calmamos mal hoy,mañana se nos presenta como adultos rotosque no saben amar, trabajar, esperar ni hacerse cargo de sí mismos.

Y ahí, ya no hablamos de prevención.Hablamos de consecuencias.


Este es el punto desde el cual nace Antes del Vacío. No como una campaña, ni como un eslogan,sino como una convicción profunda:la prevención empieza mucho antes del síntoma.


Empieza cuando los adultos decidimos dejar de anestesiar el malestar y asumir la tarea —difícil, incómoda, profundamente humana—de enseñar a sentir, a nombrar, a atravesar.


Antes del Vacío es una invitación a volver a estar presentes.En la familia.En la escuela.En los espacios formativos.En la vida cotidiana.


A actuar cuando todavía es posible acompañar,cuando el carácter se está formando,cuando la mente, el corazón y el espíritu aún pueden fortalecerse.

Porque después, cuando el vacío ya se llenó de dependencias,no hablamos de educación.

Hablamos de reparación.

Y no todo vacío se puede reparar.


Si este texto te incomodó, no lo descartes rápido.

Tal vez está señalando un espacio donde todavía puedes estar más presente.

A veces, prevenir no es hacer más.

Es animarse a mirar distinto.


Claudia Restrepo

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